Historia del Yo Yo

Martes, 16 Septiembre   

Un artefacto similar al yo-yo existía ya hacia el año 1000 antes de Cristo en China, donde se utilizaba como instrumento hipnótico. Sin embargo, en su origen, el yo-yo del que deriva el juguete actual era un artilugio de caza, similar al de las boleadoras de los gauchos, que los tagalos de Filipinas llevaban usando durante más de 400 años. Eran grandes y tenían bordes cortantes y tacos y estaban atados a largas sogas. Hacia el 1800 el yo-yo llegó a Europa como una versión en forma de juguete de esta arma. Los británicos, además de yo-yo, lo denominaron “bandalore”, “quiz” y “juguete del Príncipe de Gales” mientras que los franceses lo conocían como “incroyable” (increíble) o “l’emigrette”.

A Estados Unidos llegó en la década de 1860, pero no fue hasta la década de 1920 cuando se popularizó. Pedro Flores, un inmigrante filipino, fue la primera persona que comenzó a producir yo-yos en grandes cantidades. Los juguetes de Flores llevaban el nombre de yo-yo.

En 1929, el norteamericano Donald Duncan le compró los derechos a Flores, convirtió
la palabra yo-yo en una marca registrada de mercado y cambió el nudo fijo que
hasta entonces conectaba el cordel con el eje por un lazo corredizo que permitía
mayor versatilidad al juguete. Hacia el año 1985, se convirtió en furor en Argentina el recordado yo-yo “bronco”. Los niños lo jugaban a toda hora y en cualquier lugar, participando de competiciones y exhibiciones.